1/2/09
-Ahg. Estoy harta.
-¿De qué? -musitó mi amiga, sorprendida por mi repentino tono enfadado.
-De fingir ser otra. De decir que me gusta tal cosa, que me encanta hacer tal otra, y más que todo de decirle a todo el mundo que amo este estilo de vida que llevo.
-Siempre te lo he dicho -suspiró-, tú puedes ser quien quieras en la vida.
-Pero aquí no. Ahora no.
-¿Por qué no?
-Me lo impiden...
-La única que lo impide eres tú.
La miré con recelo. Sabía que eso era verdad. Así vivía el día a día, simulando ser una adolescente normal, con gustos como los de los demás, con un estilo como el de mi entorno, y todas esas cosas que te hacen sociable de algún modo.
Pero estaba harta, estaba cansada de fingir ser alguien que no era. Estaba agotada de escuchar música que no me gustaba sólo porque a mis amigos sí. Estaba cansadísima de no tener personalidad.
-Pero ya no lo impediré, nunca más. Me cansé de todo. De ahora en más voy a ser yo misma, voy a vestirme como a mí me gusta, escuchar la música que sí adoro, hacer de mi vida algo menos monótono y divertirme a mi manera.
-Creo que sería lo correcto...
-Lo es.
Eso debía hacer. Ya no había dudas, no servía de nada fingir. Debía mostrarme al mundo tal cual era, y no había mejor momento que ése. Sin dudas.
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